Cuatro oraciones especiales por su procedencia.

Hay, sin duda, multitud de oraciones, todas muy buenas, y cada cual elige aquellas que más y mejor considera. Pero hay algunas que por su procedencia son especiales,…

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Hay, sin duda, multitud de oraciones, todas muy buenas, y cada cual elige aquellas que más y mejor considera. Pero hay algunas que por su procedencia son especiales, de forma que podemos considerarlas imprescindibles. Por ello, su rezo debe ser también especial.

 

El Pater Noster (Padre Nuestro).-

 

Qué vamos a decir de ella. Fue la única oración que nos enseñó Nuestro Señor, y, además, y por ello, la primera con que contaron la Iglesia y los católicos. Su fuente es divina. Como palabra de Dios, del propio Dios al que se va a dirigir, tiene un valor esencial, pues es la forma en la que el propio Dios nos dijo que quería que se le rezase; asimismo, como palabra de Dios compendia todo lo que Dios quiere que le digamos cuando oremos. Recemos, por lo tanto, siempre el Pater Noster con una devoción profunda, pausadamente, digiriendo cada palabra, cada frase, a sabiendas de que Dios las escucha con especial cariño, toda vez que fueron las que Él nos dijo que se las dijéramos.

 

El Santo Rosario.-

 

La palabra “rosario” significa “corona de rosas”. Las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban, cuando así podían, por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios. Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires. La Iglesia recomendó entonces rezar el rosario, el cual consistía en recitar los 150 salmos de David, pues era considerada una oración sumamente agradable a Dios y fuente de innumerables gracias para aquellos que la rezaran. Sin embargo, esta recomendación sólo la seguían las personas cultas y letradas, pero no la mayoría de los cristianos. Por esto, la Iglesia sugirió que aquellos que no supieran leer, suplantaran los 150 salmos por 150 Avemarías, divididas en quince decenas. A este “rosario corto” se le llamó “el salterio de la Virgen”.

 

A finales del siglo XII, Santo Domingo de Guzmán sufría al ver que la gravedad de los pecados de la gente estaba impidiendo la conversión de los albigenses y decidió ir al bosque a rezar. Estuvo en oración tres días y tres noches haciendo penitencia y flagelándose hasta perder el sentido. En este momento, se le apareció la Virgen con tres ángeles y le dijo que la mejor arma para convertir a las almas duras no era la flagelación, sino el rezo de su salterio.

 

Rezar el Rosario todos los días, solo o mejor aún en familia o con amigos, es fuente segura de gracias y dones, es arma eficacísima para no entrar en tentación o para no caer en ellas caso de que Dios permita que las tengamos para probar nuestra lealtad a Él; el Rosario es fuente abundante de bienes y herramienta perfecta para nuestra conversión y salvación. Nunca se podrá recomendar lo suficiente el rezo del Rosario; no dejen de rezarlo y de recomendarlo.

 

La oración del Ángel de Fátima.-

 

Antes de aparecerse Nuestra Madre a los pastorcillos de Fátima, se les apareció tres veces un ángel que dijo llamarse Ángel de la Paz y Ángel de Portugal. Durante la primera visión, después de haberles dicho a los pastorcillos que no temieran, les pidió que oraran tres veces en estos términos:

 

“Dios mío, creo, adoro, espero y te amo. Les pido perdón a todos aquellos que no creen en quienes no adoran, que no tienen esperanzas y que no los aman.”

 

Durante la tercera aparición, ya en Otoño de 1916, el Ángel “…sosteniendo en su mano un cáliz sobre el cual se suspendía una hostia, del cual caían unas gotas de sangre…”, enseñó a los niños un poco más de aquella oración diciéndoles que añadieran lo que sigue:

 

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te amo profundamente, te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios y indiferencias por las cuales Él mismo es ofendido. Y por los infinitos méritos de su Sagrado Corazón y del Inmaculado Corazón de María, imploro la conversión de los pobres pecadores”.

 

Así pues, la unión de las dos partes citadas forman una única oración de un valor también incalculable, toda vez que la fuente de la misa es un ángel, el cual no es sino medio de trasmisión de la voluntad de Dios, pues los ángeles están permanentemente en presencia de Él atentos a cumplir Su voluntad; por ello podemos considerar que esta oración viene directamente de Dios.

 

La oración al Arcángel San Gabriel.-

 

El padre Domenico Pechenino dio en su momento testimonio de lo siguiente:

 

“No recuerdo el año exacto. Una mañana el Papa León XIII había celebrado la Santa Misa y estaba asistiendo a otra de agradecimiento, como era habitual en él, cuando, de pronto, le vi levantar enérgicamente la cabeza y luego mirar algo por encima del celebrante. Miraba fijamente, sin parpadear, pero con aire de terror y demudado. Algo extraño le ocurría. Finalmente, como volviendo en sí, con un ligero pero enérgico ademán, se levantó. Se encaminó hacia su despacho privado. Todos los presentes, lógicamente alarmados, le siguieron preguntándole insistentemente: “Santo Padre, ¿no se siente bien? ¿Necesita algo?” Él se limitó a contestar: “Nada, nada”. Al cabo de media hora hizo llamar al secretario de la Congregación de Ritos y, dándole un folio, le mandó imprimirlo y enviarlo a todos los obispos diocesanos del mundo. ¿Qué contenía? La oración al Arcángel San Miguel, príncipe de las milicias celestiales, implorando a Dios que devuelva a Satanás al infierno, a la cual se unieron tres Ave Marías”.

 

Según se cuenta, lo que León XIII había visto fue multitud de demonios revoloteando alrededor de los fieles que asistían a la Misa, visión que le espantó sobremanera, tras la cual tuvo la visión del texto de la oración al Arcángel.

 

“San Miguel arcángel, defiéndenos en la batalla,

sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del Demonio,

reprímale Dios pedimos suplicantes;

y tú, Príncipe de la milicia celestial,

arroja al Infierno, con el divino poder,

a Satanás y a los demás espíritus malignos,

que andan dispersos por el mundo

para la perdición eterna de los hombres.

Sacratísimo Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Sacratísimo Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Sacratísimo Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros.”

 

Hay que decir que León XIII murió en 1903, y desde que tuviera tal visión, hasta la reforma litúrgica tras el Vaticano II, en 1970, dicha oración y las tres Ave Marías se rezaban siempre al terminar la Misa; ahora, por desgracia y como otras muchas cosas ya no se hace.

 

Recemos lo que recemos, recemos mucho, siempre y con devoción y fe, con mucha fe y perseverancia.

 

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